Terreno Prohibido

Buenas noches gente!

Después de unos días muy intensos de trabajo (y que no falte, con la que está cayendo) ya estoy de nuevo por estos lares. Espero tener ahora un poco más de tiempo para escribir. Tengo varias ideas y proyectos en mente, os iré contando. Hoy quería comentaros que comienzo nuevo relato y os voy a dejar un pequeño avance (uff, nunca he hecho esto…) para ir abriendo boca. El género sigue siendo Romántica Adulta (I’m sorry, no puedo evitarlo!). A ver si os gusta…

[…] Tenía los nervios tan crispados que parecían crepitar sobre su piel, erizándole el vello. Iba a cometer alguna estupidez, estaba seguro. Su padre tenía esa peculiar influencia en él. Necesitaba desfogarse y sabía que dar cien puñetazos contra la pared no le serviría más que para desollarse los nudillos. Pensó en volver a las andadas. Ponerse ciego de lo primero que pillara. Sabía dónde buscar, quiénes le proporcionarían el mejor polvo blanco, el que le haría olvidar. Se puso a temblar. Le aterraba la idea, pero necesitaba hacer algo.

Entonces pensó en ella. Sin detenerse mucho a meditar lo que hacía, sacó su móvil y marcó el número. Sabía que no era justo. Para ninguno de los dos. Hacía más de un mes que no se veían. Descolgaron y escuchó un “¿Sí?” al otro lado de la línea. ¿Qué podía decirle? “Te necesito” sonaba tan desesperado como él se encontraba, pero no quería que notara lo voluble de su estado de ánimo. “¿Sergio?”. Dí algo, capullo. 

A Elisabeth le dio un vuelco el corazón cuando comprobó la identidad de la llamada. Respondió, nerviosa, levantándose del banco en el que estaba sentada y alejándose unos metros de sus amigas para tener privacidad. El silenció que se extendió a continuación no debió de durar más que unos segundos, suficientes para ponerla más nerviosa. Lo llamó por su nombre.

– Necesito verte – dijo Sergio a través del aparato. No fue esa feliz declaración lo que la conmovió, sino otra cosa, algo más profundo y sentido que notó en el timbre de su voz. Algo que hacía que quisiera correr a abrazarlo.

– Claro – respondió, sin vacilar. Arriesgándose. – ¿Dónde quieres que nos veamos?

– ¿Dónde estás ahora?

– En la plaza del Sacre Coeur.

– Vale. Quédate ahí. Ahora voy a buscarte. – Y colgó. Sin dar pie a preguntas. […]

A ver si luego puedo encajarlo bien en la historia, porque sólo tengo trozos sueltos escritos… XD

Espero veros y leeros mucho por aquí.

Felices Sueños…

B. Wild

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