Poseer

(Aviso: contenido homoerótico)
 
 
 

Poseer es dar placer. Son dos cuerpos entrelazados sobre sábanas oscuras de satén. Piel contra piel, alma contra alma. Son lenguas que se buscan para danzas ancestrales y trazan senderos de fuego y recorren kilómetros de suave lienzo que se estremece a su paso. Me pintas con lúbricos caminos mientras yo hago lo propio. Tu sabor es frenesí en mi cerebro, caos en mi pulso. Desciendo lamiendo valles de músculos trémulos, buscando lo que anhelo con desesperación.

El oscuro objeto de mi obsesión aparece ante mi vista, erguido y orgulloso, acero rodeado de seda. Terso calor infernal. Humedezco inconscientemente mis labios y cambio mi posición a petición de tus manos. Mi cetro en tu boca, tu cetro en la mía. Eres el Rey de mi placer consumiéndome en delicadas pasadas, en sutiles envites. Invitando y tentando, cada vez más profundo. Despacio, me das tiempo. Tus gemidos reverberan en mi piel y sé que te gusta lo que hago entre tus piernas porque me das gotas de tu gozo y yo quiero más. Quiero más de ese sabor salado, de ese fluido lúbrico que enloquece mis sentidos y chupo con más fuerza. Atreviéndome. Y me respondes. Me follas la boca como si te envolviera la locura y es esa misma locura la que me embarga al sentirte tan dentro de mí. Al estar tan dentro de ti.

Poseer es alimentar la hoguera. La mía arde en mis entrañas, en mi bajo vientre y entre mis piernas, lanzando cálidos estremecimientos a través de cada fibra nerviosa de mi cuerpo. Es una espiral que me traga, me absorbe, me consume. Me consumes y me posees con la magia que despliegas allí donde tus labios me tientan, tu lengua me impregna y tu boca me traga. Esto es tan nuevo para mí… y soy tan tuyo ahora mismo…

Poseer y darse a cambio. Siento esa necesidad, de darme a ti a cambio de poseerte. Estoy tan duro… Y el placer es tan… intenso… No había sentido nada igual antes. No había hecho nada igual antes… Nunca… antes… igual… Los ritmos cuidados se van perdiendo, las cadencias desacompasando. Algo instintivo, animal, toma el control y la mente desconecta… Sólo placer, sólo jadeos, sólo deleite, sólo sudor, sólo gozo, sólo placer y placer… y placer…. No puedo evitar darme a ti, es la demanda natural de mi cuerpo, intento avisarte, apartarte. Me coges más fuerte, me chupas más fuerte, me lames más fuerte… y, oh, joder, me doy a ti en largos pulsos que arquean mi espalda hundiéndome más en tu interior. El orgasmo arrasa con lo que queda de mi conciencia, haciéndome gritar como con nadie más lo he hecho.

Ahora posees algo de mí en tu interior. Me doy cuenta, jadeante, y no me doy permiso para pensarlo. Te sales de mí despacio, al borde mismo del precipicio, y me giras, cara a cara. Quiero darte lo mismo, quiero poseerte de la misma forma. Mi alma ruega por ello. Pero llora también por algo más. Me mueves y te veo. Brillante por el sudor, brillante por mi saliva, brillante por ser tú. Tu mueca es tranquila, pero tus ojos muestran la tormenta que llevas dentro. Me acerco a ti para aliviarla, para poseerte como quiero, pero me coges la muñeca como un cepo, sin dejarme llegar hasta ti. Provocándome más hambre. Tus ojos están tan fijos en los míos que creo que estás viendo hasta el rincón más oscuro de mi ser. Ese que me impide ser lo que quiero y hacer lo que deseo. Mi piel crepita de ansiedad por tocarte y entonces lo veo.

Sin soltarme la mano, alzas la otra hasta tu boca, dejando caer lo que yo he dejado antes ahí y provocando un pálpito en mi sexo semierecto. Tus ojos siguen fijos en los míos, preguntando y ansiando. Yo desvío la mirada, siguiendo hipnotizado el camino descendente de tu mano, que envuelve tu verga en una lasciva caricia. Arriba y abajo, tan despacio, tan… contenido. Nuestros gemidos brotan a la vez.  Mi dureza es palpable de nuevo. Vuelvo mi vista a tus ojos que no se han separado de mí ni por un instante. Las palabras sobran desde hace tiempo entre nosotros. Sé lo que quieres. La sangre se dispara en mis venas cargada de adrenalina. Me he resistido. Pero yo también lo quiero. Oh, joder, cómo lo deseo…

Asiento levemente y tu voz sale oscura: “¿Seguro?”.

“Sí”.

Me giras lentamente mientras siento el pulso atronar en mis oídos. Posturas que nunca he probado, sensaciones nuevas. Te noto detrás de mí, pero los nervios no me permiten sentirte. Tus manos trazando de nuevo tiernos senderos por mi cuerpo, por mi espalda, mis hombros, mis glúteos. Caricias perdidas que se encuentran poco a poco en un mismo lugar. Susurros tranquilizadores, susurros enloquecedores. Susurros que rozan mi corazón y me roban el aliento y la razón. “Te quiero”. Mi polla llora gotas blancas de pasión oscura. Tu mano las recoge y las esparce rodeándome con los dedos y siento que no puedo, que no aguanto…

Tu presencia roma y caliente en mi entrada retiene el ascenso del placer. Gimo sin poder evitarlo, con temor pero deseándote. Empujo y empujas. Murmuras, gruñes. Gruño. Más envites y el dolor. Y el placer. Cada vez más adentro. Me posees. Pero, no. Soy yo quien te posee. Quien te aloja, quien te tiene. La mezcla de sensaciones explosiva nuevamente me hace desconectar la razón. Sólo siento. Sólo te siento. Completamente ensartado, siento tu ingle contra mis nalgas, tus testículos rozando los míos. Lleno. Te mueves y tu frente se apoya en mi hombro, jadeando el placer contra mi piel. Sales despacio… y entras fuerte. Y gruño. Vuelves a salir… y a entrar. Y me coges de nuevo, rodeando mi dureza para sacarme lamentos a base de caricias. De embestidas. Dentro, fuera, dentro… fuera… dentro… fuera… Tu mano sube y baja sobre mi longitud, extrayendo deleite por su punta. La marea de sensaciones me embota cada vez más y no puedo… Muerdo el satén oscuro de la almohada para contenerlo todo, las emociones, el dolor, la lujuria y el placer. El amor.

Pero no puedo contenerme más. No quiero hacerlo. Suelto el mordisco y grito el alma por la boca en un orgasmo devastador. El que nunca me he permitido sentir. Lo siento contigo ahora, las oleadas asolan mi interior liberándome de pesadas y gruesas cadenas que no sabía que me retenían. Despojándome de todo, volviéndome cristalino, transparente. Limpio. Inmaculado…

Y te siento. Te disparas dentro de mí, tibio y suave. Intenso. Néctar de vida. Placer líquido…

Ambos caemos en un abrazo enredado, en una cama al fin caliente, en un sopor satisfecho y feliz…

Poseer es llegar hasta ese punto más oscuro y secreto dentro de alguien. Poseer es abrir las puertas y abrazarlo como si fuera la fuente misma de la luz.

 

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4 comments

  1. Maravilloso y precioso, bien escrito y excelentemente narrado. Poseer es tener, poseer es albergar y tú con tu extraordinaria forma de expresar los sentimientos tienes talento y albergas modestia por lo que posees mi admiración. Me encanta Brianna.

  2. Me ha enamorado Brianna….sexo y amor, lujuria y cariño…combinas sentidos y sensaciones que en la mayoria de las historias que leo parecen excluyentes.
    He leído relatos eróticos y relatos llenos de amor y romanticismo, pero pocas veces he leído un relato que combine tan acertadamente ambos sentimientos. Enhorabuena de todo corazón Brianna.

    1. Gracias Alma! Siempre afirmo que leo/escribo romántica, y la gente me suele decir que tengo un curioso sentido del romanticismo, jaja. Me gusta lo erótico, el sexo explícito… pero siempre aderezado con la parte emocional… ¿o era al revés? Lo cierto es que lo uno con lo otro. Me hace feliz saber que, en tu opinión, he conseguido la mezcla mágica… 🙂

      Un besote y esta es tu casa..

Un penique por tus pensamientos...

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