Dos vidas en una

(Aviso: contenido homoerótico)

(Clic para música)

Cuando llegó a casa esa noche de juerga, su amigo y compañero de piso lo arrinconó en el pasillo y comenzó a besarlo con desesperación. Alex no se habría esperado esa reacción jamás, a pesar de que sabía cómo se sentía Javi con respecto a él. El miedo era una emoción poderosa y, sin embargo, ahí estaba, comiéndole la boca como si el fin del mundo se acercara.

— ¿Tienes idea de lo que estás haciendo? —susurró aceradamente entre besos. Quería estar seguro de que Javi sabía lo que se hacía, que no era una nueva partida del “tiro la piedra y escondo la mano”. No quería albergar esperanzas y luego… enfrentarse a una nueva negativa.

—No… —susurró a su vez Javi—. Ayúdame… —Un beso corto. —Alex… —la voz surgía rota de su garganta, antes de lanzarse a otro beso con lengua. —Por favor…

Alex no era capaz de negarse. Estaba absolutamente sumido en el placer de devorar por fin esa boca que le había estado prohibida y las palabras de su compañero apenas atravesaban la bruma de éxtasis. Sentía las manos de Javi por todo el cuerpo, rápidas, torpes, nerviosas, intentando llegar a cada rincón por encima y luego por debajo de la ropa. Metiéndole mano descaradamente. Javi. El contenido, el amigo, el… hetero. Él lo había sabido. A su compañero de piso podían irle las tías, pero también le iban los tíos. O, al menos, le iba él. ¿Cuál había sido el detonante? No tenía ni idea. Se había percatado de las miradas recorriéndole el cuerpo, de aquella especie de incomodidad de cierto tiempo hasta esta parte en las ocasiones en que se veían desnudos, cuando antes no había importado.

Se había dado cuenta también de los roces sutiles, de las miradas significativas. De los pantalones abultados. Conocía a Javi desde secundaria y jamás había mostrado ningún interés hacia los chicos. Más bien, al contrario; la cantidad de novias, rollos de una noche y acompañantes varias que le había conocido era un desfile que no tenía fin. No obstante, su comportamiento había cambiado desde hacía un par de meses. Cuando lo había pillado a él, enrollándose con otro tío en un rincón oscuro de una discoteca. Ambos compartían piso en la universidad y era de suponer que, siendo además amigos, lo compartían todo. O, al menos, el tipo de cosas de ese calibre. Alex no sabía por qué no se lo había contado. Quizá porque no iba ondeando sus preferencias sexuales cual bandera. O, sencillamente, porque, en un profundo rincón dentro de él, había temido la censura de su amigo. Cuando lo había pillado con aquel chico, había notado la mirada de perplejidad y enfado de Javi, que se había girado en redondo y salido del lugar a grandes zancadas. Le había costado lo suyo alcanzarlo y le había explicado que, aunque a veces salía con mujeres, casi siempre prefería a los hombres. Le había pedido perdón por no habérselo contado antes y le había dicho que esperaba que aquello no interfiriera en su relación.

Desde luego, la reacción que había esperado era la de censura, viniendo de la familia conservadora de la que provenía Javi. En absoluto había previsto una respuesta tan visceral, aunque fuera contenida. Lo había descolocado por completo. No podía ser que Javi… por él… No. Pero lo era. Aun sin querer hacerse ilusiones al respecto, veía claramente cada señal que, sabía, Javi no era consciente que mandaba. Intentó un par de veces acercarse, con muchísimo tacto, pero obtuvo sendas negativas, la última de ellas, acompañada por un comentario despreciativo. Habían terminado alejados uno del otro. Alex no quería saber nada de alguien que se comportaba de forma homófoba, aunque fuera sólo en momentos concretos. No reconocía a Javi en aquella persona y le dolía. Pero había seguido con su vida. Ya no salían juntos nunca. Hasta en casa se evitaban en lo posible, y cruzaban las palabras estrictamente necesarias.

Y un buen día, mejor, noche, llega a casa tan tarde como de costumbre y se encuentra a Javi no sólo esperándole, sino esperándole… para esto. Quería frenarlo, aquello era una locura, percibía cierta nota desesperada en las caricias y besos de Javi y quería detenerlo para decirle que todo estaba bien, que podían ir más despacio… Sobretodo porque pensaba que algo no estaba bien en los pensamientos de su amigo.

—Espera… Javi… —Pero no podía detenerlo. La mano que tanteaba su bajo vientre y su ombligo bajó de repente a su sexo.

Javi tenía que comprobarlo; necesitaba saber que no era el único sumido en aquella jodida locura. Bajó la mano hasta la entrepierna de su compañero de piso y mejor amigo, y lo encontró duro como el acero. Tanto como él. Aquello le incendió la sangre. Y el leve gemido de Alex en su boca hizo que explosionara. No podía creerlo, pero se moría por tocarlo ahí, sin nada, la piel contra su mano, contra su… polla. Quería masturbarlo hasta hacerle perder el control y que se corriera con él. Correrse juntos. Nunca había sentido una necesidad de tal calibre. Jamás con ninguna chica como con su… amigo. Dios, ¿por qué? No podía quitárselo de la cabeza desde que lo había visto enrollado con otro chico. La sorpresa había sido mayúscula, pero lo que realmente le había fastidiado fue la emoción fugaz que, como un rayo, lo había atravesado. Alex era suyo. Es decir, no importaba qué hiciera con las tías, pero ningún hombre iba a estar más cerca de Alex que él. ¿Aberrante?

Él no era gay.

Y sin embargo, cuando escuchó que Alex le decía que podían ir más despacio, negó como un poseso con la cabeza. Y cuando, después de eso, Alex le alzó la camiseta y comenzó a descender dejando una ardiente y húmeda huella por su pecho y vientre, no fue capaz de detenerlo. Si seguía jadeando así acabaría hiperventilando, pero estaba nervioso de cojones. Su cabeza le martilleaba con el “no, no no…” y su cuerpo estaba más que listo. Brutalmente listo. Dejó escapar un quejido, mezcla entre sollozo y gemido, y Alex separó la cabeza, respirando como él. Lo miró desde abajo, a los ojos. Y sus manos fueron directas a su bragueta…

Luego vinieron forcejeos. La violencia se desató entre ellos, Javi separándolo entre gruñidos y Alex deshaciéndose de sus manos y sus empujes para llegar a su objetivo, los jadeos y gañidos llenando el silencio del piso, hasta que llegó un momento en que no sabía si peleaba por apartarlo o… acercarlo más. Porque la jodida lucha se estaba llevando en su interior, entre su condenada cabeza y el resto de su ser… Y cuando la mano de Alex le rodeó, suave, firme… y sintió su lengua tibia sobre su piel, supo que, quizá había podido detenerlo en otras ocasiones, pero no iba a ser capaz de hacerlo ahora. Lo deseaba como el infierno. Ahí tienes una verdad pura, capullo.

Echó la cabeza hacia atrás, golpeándose contra la pared y temblando. Alex no se lo había metido en la boca, lo lamía con pericia, con… ganas. El placer y el deseo se arremolinaban en su bajo vientre, conjurando una espiral que difícilmente iba a poder soportar. Tenía los ojos cerrados y unas ganas de embestir que a duras penas podía contener. Pero no iba a hacerlo. No lo iba a hacer…

—Joder… —gruñó cuando su amigo lo introdujo en su boca, y Alex le devolvió el gemido que reverberó en cada nervio de su anatomía.

Alex no sabía cuáles iban a ser las consecuencias de sus actos. Sólo que Javi llevaba semanas pidiéndolo y que ahora ambos lo estaban disfrutando como si se acabara el mundo. Dar placer a veces era casi mejor que recibirlo. Y cuando descubres que alguien a quien deseas pero que descartas por que piensas que es imposible… siente lo mismo por ti… los fuegos artificiales están asegurados. Tenía una mano apoyada en la cadera de Javi para controlar el movimiento y bajó la otra despacio hasta su propio sexo, estaba tan duro… Bajó más y apretó la bolsa que colgaba en un intento por relajarse. Aquello no podía durar mucho más, aceleró el ritmo, intensificó las caricias… Javi empezó a perder el control y eso arañaba peligrosamente su cordura…

Javi, que tenía los ojos cuidadosamente cerrados, los abrió. Pero no era el techo lo que quería ver, así que bajó la cabeza. La cabeza de Alex se movía sobre él y verlo sobre su sexo fue realmente perturbador. Alargó una mano que temblaba más de lo que quería reconocer y le acarició el pelo. Y al instante, la mirada de su amigo le quemaba la retina, convirtiendo su sangre en lava. No hizo falta más. Apretó la mandíbula y cerró los ojos con fuerza cuando el orgasmo más poderoso que había sentido nunca se apoderó de él, recorriendo cada fibra de su ser, anulando cualquier indicio de pensamiento o voluntad, doblegándolo, doblándolo hacia delante. Se corrió como no lo había hecho jamás con ninguna chica y estaba tan sumido en las sensaciones, que el pensamiento ni siquiera hizo mella en él.

Cuando terminó, las piernas le temblaban tanto que no le aguantaron y resbaló por la pared, hasta apoyar su culo en el suelo. Apenas fue consciente de que Alex se apartaba con premura y desaparecía por la puerta del baño. Respiraba como si hubiera corrido una jodida maratón y cuando logró apaciguarla, sus jadeos se convirtieron en sollozos y los ojos se le humedecieron.

Alex había salido corriendo. Huyendo, era consciente. Pero ¿qué otra maldita cosa podía hacer? Estaba prácticamente fuera de control y dudaba seriamente que su amigo estuviera listo para lo que él tenía en mente. Así que allí, entre aquellas cuatro paredes, más sólo que la una, se masturbó pensando en Javi por primera vez. Porque cada vez que se le había pasado el pensamiento por la mente con anterioridad se había sentido tan sucio que lo había aplastado sin conmiseración, reprimiéndose. Pero esa vez era suya… Oh, sí…

No creía haber durado más de un minuto y tardó otro más en asearse y salir. Porque se había dado cuenta de cómo se había quedado Javi tras su encontronazo y quería comprobar que estuviera bien y, de paso, sacudirse la capa de culpabilidad que empezaba a cubrirle pegajosamente.

Lo encontró en salón, sentado en el sofa, con los codos apoyados en las rodillas. Tenía los ojos enrojecidos, pero secos, y miraba al frente. No desvió la vista del infinito cuando él entró en la estancia y se quedó de pie, a unos metros. Alex no sabía qué decir. “Lo siento” no entraba en sus planes porque no lo sentía en absoluto y no pensaba dejar que Javi se deshiciera de su parte de responsabilidad de algo que él también había querido. Esperaba que no…

—No puedo creer que haya dejado que me hagas eso…

Alex abrió los ojos herido, y dio dos pasos atrás…

—No lo digo en ese sentido —se apresuró a aclarar Javi, ahora mirándole a los ojos—, lo digo… por mí…

Por cómo era él, por cómo había sido educado siempre, por lo que pensaba que quería en la vida, lo que hasta hacía no mucho, había sido un pilar bien asentado en su existencia. Alex lo entendía. Él mismo había pasado por el proceso…

—Te ha gustado.

No era una pregunta.

—Sí —susurró Javi, mirando de nuevo al frente, y vio cómo se le humedecían de nuevo los ojos.

Alex sintió pesar por su amigo. Por el camino que tenía que recorrer. Por todo lo que le quedaba por asumir. Iba a estar a su lado.

Si se lo permitía.

(sigue)

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6 comments

  1. Fantástico, Brianna. Realmente no sé qué decirte, sólo que si algún día te decides a escribir una novela, seré la primera persona en comprarla. Vamos, ahí me tendrás babeando y esperando con ansias xD

    1. Christian, últimamente me halagas demasiado y sabes que yo no sé qué hacer con eso! Salvo darte las gracias 🙂 Me alegra que te haya gustado. Ya te dije que el “chispazo” lo tuve leyéndote a ti…

      La novela… no lo sé, me veo lejos aún por muchas cosas, una de ellas, mi paciencia (mejor, mi impaciencia :D), pero gracias por pensar que soy capaz…

      Un besote!

    1. Que te digan que algo tuyo emociona… realmente me emociona a mí.

      Supongo (y corrígeme si me equivoco) que con “algo así” te refieres a una historia con dos hombres como protagonistas. Me alegra haber sido “tu primera” y que te haya gustado. Si te animas, hay todo un universo de historias preciosas por ahí. El amor no entiende de sexos. Tú sólo pide y te recomiendo…

      Un beso y muchas gracias por comentar, Elena 🙂

      1. Sí, con “algo así” me refería a una historia entre dos chicos; en cuanto a si continuaré leyendo historias como esta, no tengo ni idea. Pero cuanto mas cariño haya, para mí, mejor.
        Un saludo y felices fiestas 😀

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