Dos vidas en una (V)

dos vidas en una

(Aviso: contenido homoerótico)

(Viene de aquí).

Si había algo que muchos considerarían una locura era negarse a una noche de placer con un amante como Fran. Alex estaba seguro de que él era de los pocos que lo había hecho, pensó jadeando acelerado, y esas ocasiones pertenecían a un pasado lejano y oscuro, del que no quería saber nada más.

Sin embargo, iba a hacerlo de nuevo. Iba a negarse.

—Iré muy despacio —le dijo Fran, cauto, aunque jadeante también, confundiendo los motivos.

Él mismo estaba confundido. Por un lado quería ahuyentar los demonios dejando que Fran se lo hiciera, entregar su cuerpo y su conciencia a alguien en quien confiaba plenamente; pero por otro lado, había algo punzante y jodidamente molesto en algún lugar de su cabeza —o su pecho, no lo sabía con seguridad— que le impedía seguir adelante, comparado con lo cual, Pepito Grillo era un amabilísimo ser.

—Sabes que puedes confiar en mí…

—No es eso… —susurró.

Ambos iban recuperando el resuello y Fran se incorporó lentamente, volviendo los pantalones a su lugar. Sin embargo, lo miraba con el ceño fruncido, así que pensó que debía explicarse un poco más.

Sólo que su mente era un caos incluso para él mismo.

Javi era la clave de todo.

Pero sus últimas palabras habían roto algo dentro de él.

Y después ni siquiera se había dignado a llamarle.

Era un condenado cobarde.

Que no merecía la pena.

Entonces… ¿entendería Fran aquello?

— ¿Qué pasa? —interrumpió sus pensamientos en voz baja.

Lo miró a los ojos. Toda la ropa estaba ya en su sitio; había comprendido que las cosas no iban a ir más allá. No esta vez.

Titubeó un poco antes de hablar. Se sentía inseguro e incapaz de explicarse.

—Es Javi.

—Mierda.

Aquella palabra, susurrada al mismo tiempo que su amigo se pasaba las manos por su pelo dejándolo revuelto, le hizo sentirse mal.

Alex le miró suplicando. Suplicando que le entendiera, como solía hacer, casi sin mediar palabra. Suplicaba que le ayudara a entenderse a sí mismo.

Sin embargo, cuando Fran volvió a mirarle, supo que él tampoco comprendía nada. Lo cual, no era una buena noticia.

—Después de lo que me has contado… —negó con la cabeza, como si algo le resultara demasiado complejo—, ¿piensas que debes tener alguna consideración con él? —En la pausa que dejó para que su amigo respondiera, Alex no dijo nada. Fran resopló. —Joder, yo tengo ganas de partirle la cara a ese niñato cabrón…

No. Fran no iba a entender si no le decía algo que él se guardaba. Algo que iba a cobrar un realismo brutal conforme las palabras fueran dichas en voz alta. Algo que él mismo llevaba días digiriendo sin darse cuenta, algo que le costaba reconocer…

Le aterraba…

—Me gustó.

Apartó la mirada cuando lo dijo, tan bajito que dudaba si Fran le habría oído. Un ligero escalofrío le recorrió la espina dorsal.

Al cabo del rato, y como su amigo no decía nada, siguió hablando. El silencio era un peso excesivo en ese momento.

—Sé que no lo entiendes, pero me gustó. Me entró el pánico. Tuve miedo de girarme y darle una paliza allí mismo, bajo el chorro de la ducha —frunció el ceño, reviviendo por enésima vez aquel singular momento. —Tuve miedo también de venirme abajo, de terminar llorando en el suelo, encogido sobre mí mismo, delante de él.

Una pausa más, un instante de silencio lapidario.

—Pero me gustó.

Y un susurro más. Esperó que sirviera; era incapaz de explicarse mejor.

Fran entendió de repente lo que Alex le estaba diciendo. Tras todos aquellos años de abismo oscuro, de dolor y vergüenza, de idas y venidas… estaba listo. Él sabía que había sido una parte importante en aquel engranaje complejo, pero comprendió que se había terminado —al menos, por el momento— y su corazón se encogió. No era alguien que se abriera fácilmente, ni siquiera con Alex, así que se pasó las manos nervioso por la cara para esconder una incómoda humedad en sus ojos.

Era un maldito cabrito, porque en realidad, se alegraba por su amigo. Él jamás podría darle lo que se merecía…

De repente se vio envuelto por un abrazo fuerte y sincero. Los ojos de Alex también tenían aquella misma humedad y le sorprendió, aunque él los hubiese visto derramados y rojos en otras ocasiones ya muy lejanas.

—Gracias.

♠♠♠♠

—Bueno hijo, veo que te las sigues arreglando muy bien por aquí —dijo su padre antes de darle un fraternal abrazo en la puerta de su casa—, aunque creo que no te vendría mal una mano femenina —añadió guiñándole un ojo, —En serio, Javier, me gustaría tener nietos antes de convertirme en un vejestorio al que le es imposible contener la baba. Tráenos por casa a esa chica, nos encantará conocerla.

Javi plegó la última sábana de la colada y la guardó, limpia, en el cuarto que utilizaban para los invitados. Recordó la efusiva despedida de sus padres por enésima vez, y por enésima vez se tragó la bilis que le subía por la garganta.

No era por la mentirijilla de que hubiera una chica en su vida; era por la gran mentira en que había convertido su vida al decirlo en voz alta. A pesar de que Alex no le había escuchado, sentía que lo había traicionado de una forma profunda, hiriente, insultante.

Se sentía como una sabandija.

Y le añoraba de una forma lacerante.

La presencia de sus padres en casa ese fin de semana, salpicada primero por punzantes conversaciones entre bastidores y luego por la ausencia de Alex, lo había sumido en el caos y también en la reflexión.

Tantas noches de domingo que habían pasado entre risas y mandos de videoconsola, o, últimamente, sumergidos en su propio mundo… de los dos… Y ahora estaba sentado sólo en el sofá del salón de casa. Hacía dos días, sólo dos puñeteros días, que no hablaba con él y estaba sumido en la desesperación. Ni siquiera sabía dónde estaba durmiendo y era un camino en  el que no quería ahondar. No podía imaginar qué iba a ser de él si seguía metido en esa especie de dependencia de Alex. Estaba enfadado con él porque no había siquiera intentado comprenderle; estaba enfadado consigo mismo por las estupideces que le había dicho la noche en que llegaron sus padres a casa. Quería  decirle que no era él quien hablaba, sino el miedo, que le echaba de menos. Quería echarle en cara que se hubiera largado en lugar de ayudarle a pasar aquel fin de semana con su padre y su… recién descubierta sexualidad. Su cabeza era una vorágine, un absoluto caos. Pero una cosa tenía clara.

Era él quien debía dar el paso.

Álex había tenido santa paciencia en multitud de ocasiones. Era el momento de darle algo, un poco más de él.

A primera hora de  la mañana se plantaría en la puerta de su trabajo para hablar con él.

♠♠♠♠

Y la realidad fue que no tuvo ocasión de hacerlo.

Estaba en la cocina tomándose un café bien cargado —dormir bien no era una de las cosas que había hecho el fin de semana— cuando escuchó la llave en la cerradura.

Sólo había una persona, a parte de él, que tenía llave.

La sangre se le disparó en las venas, el corazón atronándole en los oídos.

Se asomó al pasillo y vio a Álex entrar por la puerta. Una sonrisa involuntaria se dibujó en sus labios, pero su compañero no la vio.

Ni siquiera le miró.

 —Hola —dijo mientras caminaba a buen paso hasta su cuarto. —No te preocupes, sólo he venido a buscar ropa  para ir a trabajar y me largo. No te molesto.

Un profundo ceño se tragó a la sonrisa.

¿Molestar?

¿No iba a decir nada más?

¿Ni le iba a dar la oportunidad de hablar a él?

Lo siguió por la casa hasta su habitación dispuesto a discutir su humor y, ya de paso, el suyo propio. Entonces el móvil de Álex sonó.

—No, no toques. Bajo ya.

Tras el corto mensaje, Álex colgó y continuó metiendo ropa sin mucho orden ni concierto en una bolsa de deporte.

A Javi se le encendió una bombilla en el cerebro. Había alguien esperándole. Al momento estaba ardiendo. No sabía si de rabia, vergüenza o impotencia. Desde luego,  no de celos.

Con movimientos rápidos e inconscientes fue hasta el salón, cuyo ventanal daba a la calle de la portería, y se asomó.

Y allí estaba, apoyando sobre un coche y encendiéndose un cigarro, aquel chico. El mismo de la discoteca. El compañero de trabajo de Álex. Todo un puto modelo de Armani.

Aquello escoció. En los ojos y en otras partes que no quiso reconocer.

Escuchó los pasos que volvían de la habitación de Álex, pero no se giró. No sabía lo que  llevaba grabado en la cara.

—Javi…

Silencio. Y un susurro.

—… adiós.

Álex cerró la puerta y bajó las escaleras de dos en dos. Sentía la necesidad de… correr,  de alejarse del humo espeso que llenaba su casa. Sus nervios crepitaban encendidos y sus pensamientos iban desde la necesidad visceral de abrazar a Javi hasta la intención primaria de darle un buen puñetazo por testarudo. No sabía qué había estado pasando por la cabecita de su amigo durante esos dos días, pero se negaba en rotundo a ser él quien lo buscara esta vez.

— ¿Qué tal ha ido ahí arriba? —Fran exhaló el humo con elegancia, encubriendo su avidez de información.

Pero Álex únicamente soltó un resoplido nada elegante y un escueto “vámonos”.

♠♠♠♠

Eran cerca de las ocho de la tarde y hacía frío, pero Javi no lo notaba. Estaba apoyado en la pared de enfrente del edificio de oficinas donde trabajaba Álex y llevaba allí como tres cuartos de hora. La moto estaba aparcada justo delante de él, así que debía seguir dentro.

O eso esperaba.

También esperaba que no saliera por aquella puerta con aquel chico. Lo deseaba fervientemente. No necesitaba más turbación, muchas gracias. Había bastado con todo el día anterior y la noche insomne, cargados de imágenes, de hipótesis, de perturbadoras posibilidades… La necesidad de saber que no habían dormido juntos era tan imperiosa que… bueno, que allí estaba, su orgullo pisoteado por él mismo para poder acercarse a Álex.

De un bote se despegó de la pared en cuanto lo vio aparecer por la puerta.

Álex se quedó inmóvil un segundo. Lo que menos esperaba después de aquella locura día era encontrarse a Javi allí. Llevaba horas soñando con llegar a casa de Fran, ducharse y meterse en la cama para caer en un reparador coma, pero intuía que aún le  quedaba alguna batalla que librar ese martes. Así que tomó una buena bocanada de aire para serenarse e intentar no empezar con mal pie lo que fuera que tenía que venir y cruzó la calle.

—Hola —le dijo Javi en un tono tímido. Estaba nervioso, cambiaba el peso de un pie al  otro y no hacía más que mirar por encima de su hombro, evitando su mirada.

—Hola.

Silencio.

Volvió a respirar hondo y preguntó en un tono neutro, suave: — ¿Qué haces aquí?

—  ¿Y tu… compañero? —titubeó.

Álex frunció el ceño y, por todos los dioses que intentó aplacar la llamarada de furia que le quemó el pecho.

¿Así que era eso?

—Fran ha salido hace un rato. —Utilizó su nombre a propósito. No quería a un Javi dubitativo; lo quería tan cabreado como él. Era la única forma de jugar aquel partido, de tener una conversación en las mismas condiciones. No se sentía especialmente inclinado a ser complaciente esta vez, sobretodo después de comprobar que lo que había hecho mover ficha a Javi eran los celos, la desconfianza quizá. No él. — ¿Qué quieres, Javi?

La pregunta directa no amilanó a Javi.

—Quiero hablar. —Vio como Álex alzaba una ceja. —Pero no aquí —añadió.

Álex asintió.

Se giró, fue hasta su moto y le lanzó el casco, que él atrapó al vuelo. Lo miró un segundo y se acercó a la moto, donde Alex ya estaba montado y arrancando.

—Póntelo tú —dijo, al tiempo que se lo entregaba y montaba tras él.

Álex lo aceptó y en menos de medio minuto estaban volando por la avenida atestada del tráfico en hora punta. No sabía dónde le llevaba y, francamente, poco le importaba. La moto, como cualquier otra, tenía un par de asas en el asiento para que el acompañante se cogiera y ahí era donde normalmente ponía sus manos cada vez que subía con él.

Esta vez, por propia voluntad y con naturalidad, rodearon la cintura de Álex. Al instante una reconfortante sensación le recorrió y pensó que podría apoyarse en él. Se acercó más, completando el abrazo, su pecho contra la fuerte espalda de su amigo, la cabeza descansando sobre la parte superior… Joder, no sabía cuánto lo había necesitado. Y era consciente que lo estaba tomando sin permiso. Álex estaba muy cabreado.

Sin embargo, sintió cómo hinchaba el pecho en un profundo suspiro…

Qué cómodo era aquello. Sin miradas, ni palabras, ni respuestas. Durante unos minutos, era como si tuviera a Álex para sí sin importar nada más. Para sentirlo, abrazarlo. Para decirle cosas que él no escucharía. Para acariciar su vientre tan suave y firme…

Notó cómo se tensaba la carne bajo sus dedos. Al fin y al cabo, Álex sólo llevaba una camisa. Él también le sentía, y sin embargo, seguía concentrado en conducir la moto por aquella solitaria carretera. La oscuridad les rodeaba, la brisa le daba en la cara, pero él estaba ardiendo…

Ni siquiera pensaba cuando dejó sus manos vagabundear por el torso de Álex, paseándose por su pecho despacio. Giró la cabeza, apretando la frente contra la espalda de su amigo, depositó un beso suave, secreto, y luego apretó sus caderas contra su trasero. Un instante sin tiempo ni luz, una acogedora oscuridad, todo sentidos.  Oh,  sí.  Javi estaba muy bien ahí. Y cuando la palabra “cobarde” se quiso colar en su mente, le pegó una patada y bajó las manos más todavía.

Álex podía estar cabreado. Pero en cierta zona de su anatomía, estaba como él.

Caliente y muy duro.

Javi ahogó un gemido contra la espalda de Álex. Sus manos no se movieron de donde estaban porque, joder, era absolutamente incapaz de despegarlas de allí.

Ojalá pudieran hacerlo así.

Ojalá pudieran seguir en aquel universo paralelo perdido en el silencio y la negrura.

Ojalá Álex no parara nunca la moto.

Ojalá…

 ♠♠♠♠

Álex detuvo la moto en un descampado rodeado por un pequeño bosque de coníferas. Respiraba como una locomotora descarrilada. El casco le estaba ahogando así que se lo  quitó y, en cuanto Javi bajó, desmontó él y se alejó unos pasos con intención de tranquilizarse un poco.

Y una mierda.

¿De qué iba Javi? Después de lo que le había dicho el viernes por la noche, no se había dignado, ya no a disculparse, sino siquiera a llamarle. No había querido hablar con él mientras sus papaítos estuvieron en su casa. Había intentado por todos los medios intentar no sacar las cosas de quicio hasta que no hablaran, darle el beneficio de la duda. Pero darle espacio y tiempo no significaba aquello. Resopló enfurecido.

Enfurecido y excitado como el demonio.

La ironía impregnó un poco su semblante al reconocer que le había gustado. Maldito fuera, lo deseaba con todo su ser. Javi lo sabía. ¿Jugaba con él? No lo creía capaz. Sin embargo, ese conocimiento no le hacía más feliz. No tenía ni idea de cómo reaccionar ante aquello, se sentía perdido en una espesa bruma de furia y excitación. Sabía que tenía que calmarse, pero… lo cierto era que no quería.

No quería volver a dar su brazo a torcer. Otra vez él, no.

No quería comprender, ni escuchar excusas.

No quería complacer. Salvo de una sola manera.

Javi llevaba un rato parado junto a la moto. A pesar de estar de espaldas a él, presentía el cabreo de su amigo. Es más, lo veía claramente: la postura rígida, los hombros subiendo y bajando con cada rabiosa respiración.

Toda la culpa era suya. El momento mágico había pasado y no era justo para Álex que él se quedara callado. Le debía un montón de cosas…

Avanzó hasta él y, despacio, le puso una mano en el hombro, instándolo a que se girase para poder mirarlo cuando hablara.

—No me toques. —Fue un susurro bajo y acerado que mostraba claramente el humor de Álex.

En lugar de retroceder, que era lo que debería haber hecho, no movió un ápice la mano de allí.

—Álex…

Éste se sacudió su toque y se giró, echando humo, el ceño fruncido.

—No vuelvas a tocarme —, su voz surgía rasgada, conteniendo lo que sin duda tenía intención de ser un grito. —Ahora mismo tengo tantas ganas de follarte como de darte una paliza. Y no creo que quieras ninguna de las dos cosas…

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4 comments

  1. Vamos a ver, ¿qué barbaridad es esta? jajaja Lo leí y no comenté porque era de madrugada, pero ahora sí señora, ahora hay que comentar… jajaj Me ha encantado, me dejas con ganas de saber que pasa, de saber si se resuelve, de saber quien da su brazo a torcer o si hay alguna forma de arreglar esto. Ay, ay, ay, mala pécora que me has tenido sin tus escritos jajaj. Mil gracias por volver, se agradece leerte, de verdad que sí. Sigue así porque eres estupenda. Un besazo y a escribir : )

  2. De regreso y con fuerza 🙂
    Sé que te lo digo muchas veces, pero es que realmente me gusta mucho como escribes. Así que gracias por volver y por seguir escribiendo.

  3. Hola,Brianna!!!! Bienvenida d vuelta!!!
    Gracias por volver y, sobre todo, por subir y continuar esta historia 😉 Está genial y me encanta 😀 Asi que…muchas gracias y muchos ánimos 🙂

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