Dos vidas en una (VI)

dos vidas en una

(Aviso: contenido homoerótico)

(Viene de aquí).

Javi medía cerca de un metro noventa de alto y no era en absoluto estrecho de hombros. Había sido elegido como portero del equipo en parte por su corpulencia y, siendo un tipo pacífico, jamás se habían atrevido a amenazarle físicamente hasta ese momento. Lo cual lo descolocó un poco.

No.

Mierda.

No era la amenaza de la paliza —en cierto recóndito lugar de su interior reconocía que se la merecía—, era la otra amenaza. Una que le  hizo desviar la mirada y tragar, nervioso. Una que lanzó una llamarada de calor que recorrió su espina dorsal e inundó sus pómulos, abrasándolos. Que hizo que su erección recobrase fuerza.

Su voz surgió más  firme de lo que pensaba cuando habló.

— ¿No piensas escucharme antes de amenazarme de esa forma?

—Tú no te has cortado un pelo en meterme mano antes de nada. —Su cara ardió un poco más. A los dioses gracias por estar casi a oscuras. —Querías hablar. Di lo que tengas que decir…

Alex estaba realmente cabreado. En lugar de ponerse un poco en su piel, todo lo contrario, no iba a ponérselo fácil.

Maldito  fuera.

—Quería pedirte perdón —murmuró con el ceño fruncido.

Alex lo miraba ceñudo también. Durante unos segundos no dijo nada. Era como si no le importara. Su expresión no había variado en nada, igual que su respiración. Estaba plantado delante de él como si fuera una cáscara vacía.

Y vacía surgió su voz cuando habló.

—Es un poco tarde para eso, Javi…

—Venga ya.  He pasado un fin de semana del demonio  y ahora…

—  ¿Y crees que el mío ha sido mejor? He estado esperando una mísera llamada tuya como un gilipollas…

—…que pensaba que por fin estaríamos otra vez como antes…

— ¿Como antes? —preguntó perplejo Alex—. ¿Como antes de qué?

—Antes de que te fueras de casa cabreado como un mono, sin entender nada. Sin pararte a pensar ni un momento en mí, en lo que suponía para mí que vinieran mis padres en ese preciso jodido momento —después de haber tenido otra primera vez contigo. Javi se mordió la lengua.

Había hablado demasiado quizá, porque se sintió desnudo. Su respiración era ahora agitada y esperó con el corazón en un puño que Alex lo entendiera.

—Tú me echaste.

—No, yo no te eché,  te necesitaba allí, joder, y…

—Sí lo hiciste.  Me dijiste cosas, me dijiste que…

— ¡Te pedí que no dijeras nada!

— ¡Me pediste que llevara a una tía, joder! —Hacía rato que ambos habían perdido el resuello y se gritaban en aquel lugar donde nadie podía escucharles. — ¿Quieres que te entienda? No puedo entender eso. Puedo entender que tu padre sea un capullo, pero no el  teatro que quieres montar para complacerle. No quiero comprender nada más, porque cuanto más lo intento, más asco me doy a mí mismo… y yo ya he pasado por eso,  maldita sea. No pienso volver ahí…

A Javi le avergonzaba admitir que Alex tenía razón. Se estaba comportando como un crío pero no podía evitarlo. Mucho menos cuando no contaba con el apoyo de su amigo. El miedo y la inseguridad le apretaban la garganta hasta la asfixia, a él, que nunca había dudado de sí mismo. Se había dado cuenta de que le necesitaba más que nunca para poder recorrer el único camino que se abría ante él. La otra opción, la de convertir su vida en un teatro como había dicho Alex,  se le antojaba cada vez más repulsiva. No quería vivir como lo había hecho ese fin de semana con sus padres. Serio, seco por dentro. Avergonzado de algo que le había hecho más feliz que cualquier otra cosa en su puñetera vida. Guardando las formas.  Mintiendo.

—No quiero que sientas asco por mi culpa. —Aquella afirmación le había escocido en los ojos y Alex parecía afectado cuando la dijo. Más palabras que se habían escapado, comprendió. ¿Qué estaban haciendo? Los dos tenían mucho que decirse y cada uno lo reprimía por una causa diferente—. Yo… te necesito a mi lado.

Y acompañó aquel susurro con un paso hacia él.

Porque se sentía como un maldito adolescente que no sabía acercarse al otro salvo de aquella manera. La física.

Alex había bajado mucho la guardia. Observó impasible a Javi dar un paso hacia él. Intentaba pensar en la forma de salir de aquel enredo sin que el orgullo de ninguno de los dos quedara demasiado malparado, porque ambos tenían mucha basura que tirarse en cara. Y ninguno solía moverse en aquellas aguas pantanosas.

El enfado había dado paso a una especie de entumecimiento, un letargo mental que no ponía filtros a sus palabras. No quería abrirse demasiado, por miedo a lo que pudiera suceder si lo hacía. Y luego llamaba cobarde a Javi. Los dos estaban heridos, los dos querían algo del otro. Algo que no sabía si obtendrían ni a qué precio.

—Puedo hacerlo, Javi —murmuró ya sin saber muy bien qué decía o, peor, con qué intención—. Puedo estar con una tía, fingirlo… o no, si eso es lo que quieres. Ya lo sabes. Puedo seguir como antes de que me besaras —su voz interior le dijo que ni de coña—, me iba bien. Incluso puedo seguir teniendo sexo contigo cuando te apetezca…

—Hijo de puta…

Javi avanzó como un tren de carga hasta chocar con él. Sintió sus manos en el pecho y el empujón antes de poder prevenirlo y casi cayó de espaldas. Sin embargo, se alzó de nuevo, enfrentándolo.  Retándolo con la mirada  y una expresión glacial en el rostro. ¿Así era como se hacía reaccionar a Javi? ¿Hundiéndole pequeñas dagas en el pecho? Unas por  otras…

— ¿Qué pasa, Javi? —La voz melosa contradecía a su gesto, una canción engañosa, suave…— ¿No me necesitas para eso? Un títere más en tu función, así papaíto estará contento. No te preocupes, seré bueno, como lo he sido siempre. Ni siquiera tú sospechaste en mucho tiempo que también me van los tíos… —se acercó peligrosamente a su rostro, los labios casi tocándose— …hasta que me viste con uno. Y entonces me quisiste…

Javi lo cogió del cuello de la camisa y lo sacudió, y sólo un segundo después le estaba devorando la boca. Alex tembló, cerrando los puños sobre los antebrazos de su amigo. Porque había esperado un puñetazo, una buena pelea. Estaba enfadado y quería enfadar a Javi. Romper el abismo que los separaba a golpes. Un beso como aquel en su estado no era… bueno.

—Maldito idiota —gruñó Javi contra sus labios—, no entiendes nada. —La sangre atronaba en sus oídos, prácticamente ni se escuchaba a sí mismo y no podía dejar de besarlo casi con violencia. Esa era su necesidad. —No te necesito para eso. —No quería decirlo, no después de todo lo que había  dicho Alex para herirlo. Sus manos abandonaron el cuello de la camisa y pasaron a su nuca. Para herirme. Dejó de besarlo, cerrando los ojos y apoyando su frente contra la de Alex, entendiendo algo. Estás tan herido como yo. Sus alientos se entremezclaban acelerados. Sabía que Alex le estaba mirando, sentía sus manos aferradas todavía a sus brazos y supo que iba a separarlo de él por la presión de sus dedos. —Te necesito… a ti.— Se pegó todavía más, cuerpo contra cuerpo.

Después el mundo se desvaneció a su alrededor. Las bocas chocaron con una exigencia descarnada, sus lenguas buscándose, los dientes mordiendo. Las neuronas de Alex habían cortocircuitado al escuchar aquellas últimas palabras. No era mucho, pero apreció que Javi dejara de lado el orgullo un segundo para hacerle saber cómo se sentía. Y mientras notaba sus manos recorriendo su torso por debajo de la camisa otra vez, se dio cuenta de que no habían aclarado prácticamente nada. ¿Era por el sexo? Los botones de su camisa fueron sacados de sus ojales y sus propias manos bajaron hasta el trasero de Javi, presionando una ingle contra la otra. Los dos igual de duros…

— ¿Es por esto? —susurró entre besos. — ¿Esto es lo que quieres? — ¿Lo único que quieres?

La última pregunta sólo sonó en su cabeza, receloso con la respuesta. Javi estaba experimentando por primera vez muchas cosas. Y él estaba más que dispuesto a enseñarle; demasiado dispuesto, de hecho. Su camisa había volado y Javi estaba lamiendo cada centímetro de él… bajando… y cuando estuvo cerca de la cinturilla de los vaqueros, le disparó una elocuente mirada que respondía sin palabras a sus preguntas. Igual de excitado que él, igual de necesitado.

Javi no bajó más. Inició el camino de ascenso y cuando estuvo a su altura, lo besó con ansia, destrozando sus terminaciones nerviosas, desconectando sus neuronas. Poniéndolo en modo sólo-siente. Él llevaba la iniciativa y el simple hecho hacía peligrar la cordura de Alex. Le gustaba aquel universo paralelo, aquella oscuridad envolvente y tibia, aquel mundo de sensaciones desprovistas de pensamientos. Era fácil dejarse llevar.

—Sí.

No supo a qué venía aquello. Sus manos ya tocaban piel tambien. Carne suave y caliente. Jadeó con el balanceo de caderas, más cerca, más cerca.

—Sí, quiero esto, Alex.

Gimió con fuerza cuando sintió su mano acariciándole, arriba y abajo, presionando todo su sexo. Gimió cuando notó que él también estaba húmedo, preparado. Javi pasó el pulgar por su punta enviando rayos de placer a cada maldito rincón de su cuerpo. Su capacidad de raciocinio cada vez estaba más mermada y Javi también parecía fuera de sí.

—Joder…

—Eso también.

Una carcajada mezclada con un gemido surgió de su garganta. Le importó poco, nadie podía escucharlos allí. Estaban en un jodido descampado,  mezclando alientos, sudor, saliva y semen. Mezclando gemidos en su universo paralelo. De los dos. Nadie más podía entrar y Javi lo sabía. Aquel encuentro surgido de la necesidad era lo más auténtico que habían tenido y sin embargo, a él no le gustaba la sensación opresiva de todas las palabras que no se habían dicho. Aun así, estaba a punto. Apretó el puño de Javi pidiéndole silenciosamente que aflojara el ritmo. Le hizo caso, pero no dejó de acariciarlo. Él también tenía a Javi en su mano y relajó el ritmo. Necesitaba conectar con él de alguna otra forma.

Oh,  sí… Podía haber seguido como siempre, le había dicho…

Javi cogió la mano que le quedaba libre y le miró a los ojos. Tenían una expresión que no había visto nunca en él. Vulnerable y decidido. Lamió un dedo. Alex notó su lengua enroscada y húmeda, y su sexo se volvió de acero. Una idea se abrió paso como un pequeño rayo en su cabeza, mientras ambos se observaban, pero la desechó. Sin embargo, Javi se sacó la mano de la boca y, despacio, la llevó hasta su trasero.

Alex jadeó el corazón por la boca. No podía ser. Javi le besó, quemándole con la mirada. Maldito fuera. No importaban las palabras, ni las heridas. Alex estaba sumido en la misma necesidad, curarse con la piel y el placer.  Con la exigencia de estar uno dentro del otro. No podía ser…

Su compañero le aferró por la muñeca cuando desplazó la mano para posarla en uno de sus glúteos. No era allí donde la quería.

—Javi… —musitó, intentando hacerle entrar en razón.

—Quiero esto —le respondió él—,  lo quiero hace tiempo. Y tú lo sabes.

Su voz estaba teñida de un tono íntimo, seguro y de una súplica subyacente.

Aquel no podía ser el momento.

Sin embargo, en aquel descampado, semivestidos y sin una superficie cómoda, sin nada de lo que Alex había imaginado, su dedo se hundió en el oscuro orificio de Javi, despacio, y buscó aquel punto que, sabía, haría a su amigo volver a por más.

Javi jadeaba intentando camuflar sus nervios. Apretó los dientes con la primera presión y durante unos segundos más. Alex estaba atento a su expresión, y lo besó cuando supo que exhalaría un alarido de placer. Volvió a acariciar esa superficie rugosa una y otra vez, y acompasó el movimiento al de su mano sobre su sexo. Movió las caderas.

Así será cuando te folle. Su mirada y sus besos le hablaban de promesas serias. Y Javi las aceptaba con cada movimiento de su propia mano sobre el sexo de Alex. Quería devolverle tanto placer como estaba recibiendo. Quería aprender a hacerlo. Quería llevarlo a donde él mismo estaba. Los jadeos se mezclaban de nuevo y él necesitaba más. Necesitaba a Alex con él. Lo necesitaba de una forma que empezaba a comprender. Necesitaba deshacerse de las ataduras.

La cordura de Alex estaba al límite. Un clic y todo estallaría, piloto automático en marcha, todo fuera de control. Apretó los dientes por enésima vez cuando sintió que,  por enésima vez, iba a correrse.

— Alex…

Eso es, encima, gime mi nombre…

—Vamos a hacerlo…

¡¿Qué!?

—Shhh, Javi… No… —joder, casi no podía hablar—, no digas nada… Ahora no, aquí… no…

— ¿Llevas condones?

Alex dejó de moverse.

Así no era como debería ser.

La primera vez de Javi. Enfadados, pelea, sexo, heridos, sexo… La primera vez de Javi…

El shock le duró dos segundos. Los que tardó Javi en apremiarlo con más susurros y besos con lengua. Tan sumido en aquella vorágine de excitación que no sabía lo que decía.

Pero era mayorcito.

Clic.

— ¿Llevas? —volvió a decir, su aliento y su lengua en el cuello de Alex. No se  había parado mucho a pensar nada. Si lo hacía, se echaría atrás. Pero estaba disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía. Llevar la iniciativa era un poderoso afrodisíaco cuando te respondían, él lo sabía de sobra, y ahora lo estaba descubriendo con Alex.

Sólo que él no parecía especialmente contento con la idea.

—Llevo —murmuró, tirándose la  mano al bolsillo trasero del pantalón.

Vio como sus manos temblaron un segundo al rasgar el envoltorio y no supo por qué aquel gesto de inseguridad le tocó un lugar muy escondido en el pecho. Alex se enfundó el preservativo y le agarró por la cadera, acercando sus cuerpos, abrazándolo. Sus manos recorrieron suaves su espalda y su boca besó y lamió su cuello. Parecía que la urgencia había dado paso a una sosegada decisión.  A una ternura inusitada.

—Date la vuelta.

Javi le hizo caso. Alex siguió envolviéndolo con los brazos, bajando una mano hasta su sexo, y comenzó a masturbarlo de nuevo. Le besaba la nuca y movía las caderas en una sutil cadencia, acariciándose él mismo. La  sangre de ambos se disparó en las venas. Javi tenía el vello de punta y Alex un nudo en la garganta. Aligeró el ritmo de sus caricias.

—Me voy a correr —Javi jadeaba por llevar aire a sus pulmones. No tenía ni idea de cómo tenía que hacer aquello.

—Quiero que lo hagas —musitó Alex en su nuca. Él mismo estaba al borde y, a cierto nivel, aquel hecho le hizo presentir que aquello iba a ser un desastre.

El orgasmo recorrió a Javi en fuertes oleadas de placer, su sexo pulsando y Alex recogiendo todo lo que de allí salía. Luego notó que manoseaba su propio sexo y supo lo que estaba haciendo. Tragó cuando sintió la punta de su amigo entre sus glúteos y cómo éste comenzaba un suave vaivén. Se sentía inseguro y vulnerable y no le gustaba en absoluto.

—Hazlo ya, Alex…

Un sonido mecánico y un zumbido llegó a alguna parte de su córtex cerebral, pero lo desechó. Sin embargo, era insistente. Continuó y Alex alejó las caderas de él, aunque su frente seguía apoyada en su espalda y su respiración continuaba siendo errática.

De pronto la nebulosa de su mente se dispersó y comprendió que era un teléfono móvil.

El móvil de Alex.

Él no hizo gesto alguno por moverse para cogerlo.

Y el aparato continuó sonando y Alex jadeando.

— ¿No piensas cogerlo? —El tono de voz  ya mostraba algo de lo que a Javi le estaba pasando por la cabeza.

Se giró y se subió el pantalón y su orgullo.

Alex esperó hasta recuperar algo del resuello que había perdido. Maldito teléfono. Ni se había acordado de silenciarlo o desconectarlo. O, ya que estábamos, lanzarlo al jodido bosque. Se sacó el preservativo y se subió también los pantalones. La fiesta allí se había terminado. Sabía quién era el  que llamaba con toda probabilidad y luego meditaría seriamente si mandarlo al infierno o agradecerle infinitamente la llamada. Era muy probable que le hubiera salvado de meter la pata hasta el fondo.

No se cortó en buscar el aparato y descolgar, a pesar de que había notado el veneno en la pregunta de Javi.

— ¿Piensas venir a cenar? —dijo la voz al otro lado de la línea, sin molestarse siquiera en saludar. —Lo digo porque podrías avisar y no estamos aquí mis tripas y yo peleándonos…

—Sí, ahora voy —respondió, mirando a Javi. Le dolía en el alma la expresión que tenía en la cara.

Colgó.

Y Javi desvió la mirada.

—Qué idiota soy… —resopló con desprecio y otra cosa que a Alex le pellizcó el corazón.

—No eres ningún idiota —dijo con voz serena y seria. —Y no es lo que piensas —añadió la desgastada expresión.

— ¿Y tú cómo sabes lo que pienso?

Tenía razón. Era lo que todo aquel rato le había estado carcomiendo. No habían hablado, no sabía qué pensaba. Ni Javi sabía qué pensaba él.

No tenían ni puta idea de cómo hacer funcionar una relación seria. Porque todo lo que ambos habían tenido siempre habían sido mentiras o rollos de una noche.

—No lo sé —admitió.

—Llévame de vuelta —pidió Javi, mientras se dirigía hasta la moto y cogía el casco.

—Javi… —habla conmigo, por favor…

¿Por qué le costaba tanto decirlo?

Su compañero se giró en redondo y, por un segundo, pensó que volverían al principio, esperó un puñetazo.

Habría sido algo.

Habría sido mejor que lo que vino.

—Dime una cosa, ¿era Fran?

—Sí, pero…

—Deja de hablar, deja de poner jodidas excusas si no quieres que te parta la cabeza.

—No son excusas —frunció el ceño. Caminó hasta la moto pasando por su lado. Harto de aquella espiral donde siempre volvían al principio de todo. —Tenía que dormir en algún sitio.

—Oh, sí. Qué conveniente…

Alex no quería más discusiones. Tenía la cabeza abotargada con todo lo que había pasado aquella noche, Javi estaba equivocado y sabía que no le iba a resultar fácil sacarlo de su error, no con unas pocas palabras. Él mismo no sabía cómo manejar todo aquello. Pero el tono mordaz le cabreó.

—Fran es mi amigo. Ha estado ahí siempre que lo he necesitado y es lo que ha pasado esta vez. Sólo somos amigos. Punto.

¿Por qué se estaba justificando?

Javi. Por Javi.

— ¿Sólo amigos? —Ironía destilando por cada sílaba. Incredulidad. — ¿No os habéis acostado?

Alex apretó los labios, pero no desvió la mirada.

Un batallón de palabras pugnó por salir, de su garganta; explicaciones de lo que eran y no eran Fran y él. Javi jamás lo entendería.

Lo vio asentir.

—Llévame a casa —volvió a pedir con voz dura.

—No he estado con nadie más desde que estoy contigo. —Un último intento.

—Y por qué he de creerte…

Aquello dolió.

Tragó saliva antes de volver a hablar. Suplicar no era lo suyo.

—Podrías confiar en mí. —Su voz surgió tan dura como la de su amigo. Un vano intento de encubrir su herido orgullo.

Mantuvieron las miradas, retándose en silencio. Siempre en silencio. Javi dejó caer el casco y se giró, alejándose de él. Buscó la solitaria carretera y comenzó a caminar de vuelta a la ciudad, con los ojos húmedos y la mandíbula y los puños apretados.

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3 comments

  1. Wiiiii gracias por seguir con la historia! Yujuuu jaja. A ver como salen parados entos dos! Besos y gracias por compartir ; )

  2. Vaya….¡Menudo sorpreson! Tan genial como siempre y fantastico, Brianna, sólo queda una cosa por decir…¿qué pasará después? Y,¿habrá mas incognitas?
    En fin, cruzaré los dedos y esperare….con muchas ganas ^_^ 🙂

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