All Hallow’s Eve 2014

Camina arrastrando sus pasos a través de la noche, confuso. Las calles están atestadas de gente armando escándalo a pesar del frío, aunque él no es capaz de sentirlo. Su cuerpo está abotargado, alejado de la realidad, y su mente, sumida en una espesa neblina que filtra cualquier información que pueda alcanzar a sus adormecidos sentidos. No le preocupa no comprender con claridad lo que ocurre a su alrededor; lo que le asusta de verdad es la aparente incapacidad de enfocar con claridad su vista y de que sus miembros respondan naturalmente a las órdenes de su cerebro.

Continúa su sinuoso vagabundear, cojeando y chocando con personas ebrias de una alegría que él no entiende.

—¡Eh! ¡Mira por dónde vas!

No es capaz de responder al improperio. Se esfuerza por observarlo:  su indumentaria es extraña, pero no sabe por qué. Gime con agonía y sigue su camino ignorando la reacción que ha provocado a su alrededor y, aunque es consciente de que vaga, tiene muy claro hacia dónde se dirigen sus pasos.

A casa.

Tiene doce años y es completamente capaz de llegar hasta su casa, está seguro. Se ha despertado hace un… rato —gime de nuevo ante su incapacidad de concretar el lapso— en una sala de hospital demasiado fría y demasiado oscura, completamente desorientado. No tiene recuerdo alguno sobre cómo ha llegado hasta allí. Ha intentado preguntar a una mujer vestida de enfermera (las enfermeras de verdad no gritan ante sus pacientes), pero únicamente ha logrado empujar un lóbrego lamento a través de una voz que no ha reconocido como suya.

—¡Buen disfraz, tío! —Otro de los trausentes le habla con una sonrisa puntiaguda de la que gotea un líquido rojo, devolviéndole al presente.

Se mira las manos, esas que son demasiado grandes como para ser  suyas y que también están impregnadas en líquido rojo, y las aprieta, pringosas. Como ha ocurrido en el hospital, empieza a perder la poca conciencia que tiene, la neblina vuelve con fuerza a dispersarse por su mente, por sus sentidos hasta hacerle olvidar quién es, hasta hacerle sentir como si fuera otro. Aprieta los dientes con fuerza, en un vano intento de mantener la cordura…

—Eh, tío… Era de buen rollo. —La tez de su interlocutor se vuelve macilenta a pesar del maquillaje, ahora puede verlo con diáfana claridad. —Oye, ¿de qué vas? Sueltam…

Escucha un grito, lejano y aterrador. Y luego, nada.

Una nueva convulsión le despierta. Está tirado en la calzada y de nuevo escucha esa voz espeluznante que sabe que surge de su propia garganta. Se levanta con cuidado, torpe, no controla su cuerpo, e intenta enfocar la vista sin conseguirlo del todo. Hay un bulto inmóvil en el suelo y otras figuras más lejanas. Algunas aplauden. Otras le miran con admiración. Un grupo lo hace con temor.

Su casa está cerca. Lo sabe. Continúa su lastimero paseo, acarreando el peso de un cuerpo que es demasiado grande para él, abrumado por sensaciones que es incapaz de procesar. Hay fuego y canciones, gente con escobas y con cuchillos que le atraviesan el cráneo. Niños que alborotan, gritando «¿truco o trato?». Gente con colmillos y con ropas manchadas de rojo y él se afana por llegar a casa y poder descansar.

Ya la ve, al fondo de la calle. Conforme se acerca con pasos lentos y tortuosos, siente la calma, la sobriedad. Como si de un absurdo despropósito más se tratara, una foto suya enmarcada en un lóbrego marco negro reposa junto a la danzante llama de una vela, adornando la puerta de su casa.

Tampoco lo comprende.

Llama a la puerta, ha debido de perder las llaves en el ese extraño hospital. Una anciana abre la puerta, vestida completamente de negro, con un pañuelo arrugado en sus manos. Sus ojos enrojecidos lo miran con reprobación y aprienta los labios.

—En esta casa no estamos para celebr…

Comienza a hablar, pero él sólo quiere ver a su madre. La hace a un lado y entra en la casa, por fin. Sabe que está en la cocina. Ella siempre está en la cocina, adora cocinar. La encuentra sentada a la mesa, frente a una taza humeante, en un ambiente sosegado pero triste. Alza la vista hacia él, pero no muestra signo alguno de reconocimiento. Si acaso, un gesto de hastío. Con lo que él necesita un abrazo…

—Mamá. —La voz surge clara ahora, aunque sabe que no es la suya.

El gesto de su madre cambia y una mueca de dolor lo desfigura. Las lágrimas desbordan sus ojos cuando habla:

— ¿Qué maldita broma es ésta? ¿Viene así, disfrazado, a burlarse de nuestro dolor?

Él no entiende nada.  Necesita un abrazo de su madre. Sentirse seguro de nuevo.

—Mamá, soy yo.

La neblina asoma de nuevo. Se mueve en un intento de despejarse y se apoya en la encimera. La mujer que le ha abierto la puerta ha vuelto y abraza a su desconsolada madre.

—No sé quién es ni si le parece divertido, pero le ruego que se vaya.

Se pone nervioso. Pasea la vista por la familiar estancia. Ésa es su casa. La neblina se ha hecho tan espesa que empapa su mente y sus sentidos hasta que casi es incapaz de reconocerla, pero es su casa. Lo siente en la sangre.

Se mira de nuevo sus manos manchadas. Su madre dirige la vista hacia el mismo sitio, dejando de llorar. La cautela reemplaza a la pena en su mirada. Contempla esas manos enormes teñidas de carmesí y luego le mira a él a los ojos. Con miedo.

—Begoña, vaya a su casa a descansar —le dice a la mujer en tono tranquilo.

La mujer asiente, presintiendo que algo extraño ocurre, y sale por la puerta. Él se frota las manos, muy nervioso. Sabe que está perdiendo el sentido otra vez.

—Mamá… —intenta de nuevo, con esfuerzo, con esa horrible voz.

No es él.

— ¿Quién eres?

Ya casi no la ve, aunque la ha escuchado perfectamente. «Soy yo, mamá», llora por dentro. Su visión se vuelve clara de repente. El rostro de su madre es una máscara absoluta de terror mientras le mira.

Baja la vista a esas manos grandes y sucias que no son suyas. Está empuñando un afilado cuchillo de cocina y siente que ese rostro que, ahora sabe, no es el suyo, sonríe con maldad.

Un vano último intento:

—Corre mamá.

 

sangre

 

Anuncios

One comment

Un penique por tus pensamientos...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s