Arriésgate

La brisa ondula su cabello. El mar engulle una enorme esfera de fuego allá, en el horizonte.

—¿Por qué vuelves? —Mira sobre su hombro, donde una pequeña multitud baila semidesnuda con los pies descalzos sobre la arena blanca.

«¿Por qué insistes? No lo entiendo».

Él sigue su mirada y esconde una sonrisa; sabe lo que está pensando. La observa con vehemencia, sopesando los mil detalles. Las diez mil razones.

—Quizá me pone que me digas que no —relativiza al final.

Ella sonríe ampliamente.

—¿Eso quiere decir que perderás el interés en cuanto te diga que sí?

Él sonríe generosamente, también.

Durante un lapso pequeño y eterno a la vez. Sus ojos, conectados. Su voz, un susurro.

—Lo que de verdad quiero saber es si tú estás lo suficientemente interesada como para arriesgarte.

ϖ©

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